tribuna
Compromiso de la OIE
para combatir la rabia en el mundo
En los países donde la gente sigue muriendo de rabia, el
principal vector es el perro. La prioridad básica para prevenir
casos letales en el ser humano debe cifrarse por consiguiente en
combatir la enfermedad en la población canina, especialmente en
perros vagabundos o semiabandonados, y en interrumpir el ciclo de
transmisión entre los perros y de estos al ser humano.
Según los cálculos de algunos analistas, para erradicar la rabia
en los animales domésticos y prevenir así la casi totalidad de los
casos en el ser humano los Servicios Veterinarios nacionales de
todo el mundo tendrían bastante con apenas un 10% de los recursos
económicos que se destinan actualmente a tratar a las personas
mordidas por un perro potencialmente rabioso. La vacunación canina
es el método más económico para controlar y eliminar la rabia en las
personas. Además, por motivos epidemiológicos, éticos, ecológicos
y económicos, no cabe considerar que el sacrificio de los animales
susceptibles de transmitir la rabia pueda ser el método preferente
para controlarla y erradicarla. Todos los programas de erradicación
que han tenido éxito han combinado medidas de control de las
poblaciones de perros vagabundos con campañas de vacunación
canina.
Sabemos que ninguna estrategia de lucha antirrábica puede
ser eficaz sin el apoyo de muchos y diversos colaboradores,
en particular los servicios de sanidad animal y salud pública,
funcionarios responsables de medio ambiente, cuerpos de
policía, administraciones locales y municipales, organizaciones no
gubernamentales y propietarios de perros, todos ellos coordinados
por las autoridades competentes.
A escala internacional, la OIE, la FAO y la OMS vienen
formulando recomendaciones encaminadas sobre todo a hacer
posible una buena colaboración intersectorial. Desde 2010 la OIE
ha revisado sus normas relativas a la rabia con objeto de reducir
los riesgos que plantea la enfermedad para la salud humana y
animal y de prevenir su propagación internacional. Gracias a la
introducción de un nuevo artículo, las normas revisadas establecen
ahora un método que permite combatir la enfermedad por etapas,
privilegiando ante todo a la especie animal preponderante en su
transmisión al ser humano, esto es, el perro.
Cada diez minutos muere una persona en el mundo a causa de la rabia. A tenor de los informes, esta enfermedad se cobra cerca
de 74.000 víctimas al año, en su inmensa mayoría niños, aunque sin duda la cifra real es muy superior. El 99% de los casos que afectan
al hombre se deben a la mordedura de un perro infectado.
La OIE se ha fijado como objetivos no solo fomentar la
transparencia en la notificación de la enfermedad sino también
convencer a los gobiernos de que inviertan en programas de lucha
prioritarios, como los de prevención de la rabia en los perros,
especialmente en los países que no vayan camino de cumplir a corto
plazo los requisitos para autodeclararse libres de la enfermedad en
todas las especies domésticas y salvajes sensibles.
Los programas de lucha antirrábica plantean importantes
dificultades económicas a muchos países, que deben tener en
cuenta el costo de las campañas de vacunación y también el de las
medidas de profilaxis tras una exposición, lo que a veces supera con
creces los medios de que disponen. En 2011 y 2013 se modificaron
las normas de calidad sobre producción de pruebas de diagnóstico
y vacunas antirrábicas que figuran en el Manual de las Pruebas de
Diagnóstico y de las Vacunas para los Animales Terrestres de la OIE,
a fin de tener en cuenta en ellas los últimos adelantos científicos.
En 2012 la OIE estableció en Asia un banco regional de vacunas
antirrábicas, y ahora mismo está en estudio la posibilidad de instituir
nuevos bancos del mismo tipo (de dimensión tanto regional como
mundial). Tales establecimientos ayudan a garantizar las existencias
de vacunas de gran calidad y fabricadas con arreglo a las normas
internacionales de la OIE para satisfacer las necesidades de los países
en desarrollo. Además, ello también alienta a los países en desarrollo
a poner en marcha programas de lucha antirrábica.
Conviene subrayar que la profesión veterinaria y los Servicios
Veterinarios nacionales tienen la responsabilidad primera de utilizar
sus conocimientos y competencias para ayudar a controlar las
zoonosis, entre ellas la rabia, y romper el vínculo entre el origen
animal de la enfermedad y la infección humana. En todo programa
de lucha antirrábica debe tenerse siempre en cuenta la necesidad
de conferir más eficacia a los componentes público y privado de
los Servicios Veterinarios nacionales, sobre todo en lo tocante al
cumplimiento de las normas intergubernamentales de calidad
formuladas por la OIE. A tal efecto se recomienda vivamente a todos
los países que participen activamente en el Proceso PVS de la OIE
a fin de determinar las necesidades técnicas y económicas de sus
Servicios Veterinarios.
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